
Mi mamá murio de cancer en Junio del 2006, dos anhos despues de enterarse de que estaba enferma. Yo había dormido toda la ultima semana en la casa de mis papas, sabíamos que iba morir cualquiera de esos dias y mi viejo queria que estuviera con el y con mi hermana cuando pasara.
Fue a las 5 AM, la enfermera nos despertó tocando la puerta con mesurada prudencia, diría yo. Estaba durmiendo en el piso del cuarto de mi hermana metido en un sleeping bag del Regreso del Jedi que aun sobrevivía a pesar de sus cientos de horas de campings en el jardin durante mi infancia. Lili y yo no tuvimos que escuchar nada mas que los golpes de puerta para saber que estaba pasando.
Estar en una situacion en que se enfrenta a la muerte de forma tan cercana es siempre un poco surrealista y a pesar de que en los ultimos dos anhos mucha genté muy cercana a mi había muerto - mis dos abuelos maternos, que siempre vivieron en "la casa", por ejemplo - la imagen idealizada de ese momento la recuerdo igual que los cuadros lugubres que veía de chico en una clínica adventista: una luz mortesina sobre el cadaver y penumbra rodeando a los dolientes ya la enfermera al pie de la cama, con la diferencia de que Jesús iluminado como tubo fluorescente y vestido de blanco con esa cara de "te voy a llevaaaar, te voy llevaaaar" que me daba tanta desconfianza de chico, no estaba visible por ningún lado.
Si algun tipo de tristeza sentí en ese momento fue por mi papá, que insistía en que había(mos) estado junto a ella en los ultimos minutos de agonía. Nadie le ha desmentido eso, pero sabemos muy bien que cuando llegamos ya hacía varios minutos que lo que yacía en la cama, era un cuerpo sin vida nada mas. El tiene esa manía a veces: se reinventa momentos que no le gustan o que no existieron para hacer un "ret-con" del pasado y sentirse mejor con el mismo, supongo. Decía entonces, que el unico asomo de tristeza era por mi papá, y aunque no puedo hablar por mi hermana, estoy bastante seguro de que ella sentía lo mismo.
Rebusco en mi memoria y no encuentro ningun otro sentimiento aparte de tranquilidad. Tranquilidad de que todo ya había acabado (con la perspectiva del tiempo veo ahora que en muchos aspectos) y tambien porque le dije todo lo que tenía que decirle. Y sobre todo tranquilidad de poder declarar convencido y sin remordimientos que no la quise.
Yo sé, yo sé...horror de horrores para muchos. Tenía una amiga que cuando se tomaba un par de cervezas lloraba desconsolada preguntandome como era posible eso, una cerveza mas y yo era ya un montruo inhumano y a la cuarta volvía con el lloriqueo y las preguntas existenciales. La respuesta es simple: porque aunque ella me parió, se necesita bastante mas que eso para ganarse el titulo de madre.
Por eso un dia y derepente , cuando tenía diecisiete anhos, no reaccioné ante sus agresiones de turno con mas agresividad, ni me dio rabia, ni lloré en mi cuarto sino que sentí..nada...ni pensé ni sentí nada. No recuerdo que fue esa vez en particular, los abusos físicos habian parado ya unos anhos atrás , asi que probablemente fue un comentario mas sobre cuan pobre diablo iba a ser en la vida o como fracasaba en todo lo que hacía o como nunca iba a conseguir una mujer con esa cara llena de granos...el hecho es que esa frase, cualquiera que haya sido, sirvió como la ultima dosis de una vacuna, que de tanto inocular el virus lo había vuelto inmune en mi. No puedo usar la palabra "decidir", porque no fue una decision conciente, pero si puedo distinguir en ese minuto un cambio de rumbo en mi vida, una liberación de un peso enorme, un instinto natural de supervivencia que simplemente anestesió cualquier sentimiento - bueno o malo- hacia ella. Era mi forma primaria de decir "o ella o yo" , desde ese dia y hasta el dia en que murió la llamé por su nombre de pila.
Unos meses antes del dia de su muerte me senté a hablarle, le pedí que me escuchara solamente y que si tenía que decir algo lo dijera al final. Sorprendentemente lo hizo, en otras ocasiones eso mismo habia terminado en mas peleas, con ella negandolo todo de una forma categórica cada dos minutos a pesar de cicatrices , testigos y un discurso que no buscaba reprocharla sino entenderla. El resultado al final, sin embargo, fue el mismo: me dejó hablar y al final me repitió que no, que yo me equivocaba, que ella nunca me habia levantado la mano , ni insultado y que seguramente me había confundido, que en todo caso malas madres eran esas que le qumaban las palmas de las manos a sus hijos de bebitos con planchas y esas cosas, ella no. En el mundo que se había inventado sobre la realidad , ese mismo mundo que se esmeraba en mostrar puertas afuera con una sonrisa simulada, ella había sido una madre perfecta , ni un asomo de arrepentimiento o de auto cuestionamiento. Le dije que aunque ella no me lo pidiera, estaba perdonada, la abracé y me fui. Tranquilidad.
Por qué tenemos que regalar nuestros afectos de esa manera simplemente por tener lazos de sangre? Los titulos de madre, padre, primo, hermana, no se eligen, vienen impuestos desde que uno nace y no deberiamos sentirnos obligados a sentir algo ta fuerte como "querer" por el solo hecho de compartir parte del mismo ADN. Así como elegimos en la vida, de las miles de personas que conocerémos, a quienes seran nuestros amigos, amantes o parejas mas queridos, tenemos el mismo derecho de escoger dentro del limitado grupo que conforma nuestra familia quien se merece nuestra energía y carinho.
La sociedad latina, y en especial la limenha, condiciona a aceptar cosas atroces (padres abusivos, esposos golpeadores, tios manhosos) con la simplista razón de que son nuestros parientes, o porque "te dieron la vida", la verdad es que ese es solo el comienzo y la parte mas facil, pero que esas personas sean tus mentores , que te protejan, que te ensenhen con sus errores y aciertos y que te lleven de la mano por esa vida que te "dieron" para hacerte una persona mas completa es lo que los hace merecedores de nuestro carinho.
Cuando en el funeral y la misa del mes ni mi hermana ni yo quisimos hablar (se supone que en esas ocasiones uno habla cosas positivas, y nosotros no queríamos mentir), fue evidente para nosotros la mirada reprobadora y los murmullos de mucha gente. Felizmente Lili - le llevo 10 anhos - desarrolló ese escudo anti-loquepienselagente mucho mas rapido que yo y supo sobrellevar a nuestra madre y a esos comentarios un poco - solo un poco - mejor que yo durante su adolescencia. Por eso fue revelador cuando despues de la misa se nos acercó una tía muy querida, la menos conservadora de todas, nos llamo a un lado y nos dijo abrazandonos "Que valientes que son, me gustaría haber tenido el temple de hacer lo mismo cuando murio su abuela".
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